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    ¿Para dónde corremos señor Presidente?

     

     

    -“¡Ya no se puede ir a ningún lado, está canijo seguir viviendo en este país!”.

    Eso fue lo que me dijo ayer por la noche mi mamá cuando hablabamos por teléfono y salío a relucir el tema del atentado ocurrido en Morelia, Michoacán.

    7 muertos.

    100 heridos.

    Pura gente inocente. Niños. Mujeres. Hombres.

    Un acto terrorista en nuestro país. 

    Y luego lo de Guanajuato. Balacera de mas de 45 minutos entre bandalos de las banda de “la familia” y policias y ejercito.

    Un policia herido..

    ¿Cuándo se habia visto algo parecido en México? Yo para tranquilizarla, le contesté que dejara la psicosis a un lado y que nada tenía por que pasarnos, que viviamos en un país de paz y le cambie el tema.

     Pero me dejo pensando.

    Lo que me decía es verdad.

    Una verdad que duele, pero que cada vez vemos más cerca.

     ¿Qué vamos a hacer si seguimos así?.

    Ya nos es habitual hablar sobre Zetas, sobre bandas de secuestradores con “la flor” o clannes de de narcotraficantes como “la familia”.

    ¿ A dónde vamos a salir corriendo?.

    Nuestro territorio esta cundido de bandalos solapados por el gobierno, que se sienten dueños de todo y de todos.

    Obvio que no se puede generalizar, es decir no estoy diciendo que todos los servidores publicos están metidos dentro de esta cloaca. Pero si existen sus casos muy marcados. Muy sonados. Los cuales ya son un secreto a voces que se esta saliendo de dimensión y que es lo que hace que nosotros como ciudadanos no pensemos en otra cosa más que en huir.

    Huir como si nosotros fueramos los delincuentes.

    Correr porque no queremos un futuro tan inseguro para nuestros hijos.

    Porque queremos andar en libertad. Con tranquilidad. Sin tanto miedo.

    Porque para eso trabajamos la gente de bien.

    Para eso pagamos impuestos.

    Y los mexicanos no nos merecemos esto.

    Por que hay de dos, o nos dejamos de marchas y tomamos nuestras propias medidas en contra de estos malvivientes y regresamos a la época de las cavernas. O abandonamos todos el país y lo dejamos desierto. Aunque la pregunta seria: ¡¿Para  a dónde corremos Señor Presidente?!.

    Y no. No voy a hacer reclamos ni consignas. Sólo repito la pregunta:¡¿Para a dónde corremos?!

    Trata de Despues de los 30!

    Claudio y Claudia 085 

    Cita

    Despues de los 30!

     

    Escuche por ahí que los 40 eran los nuevos 30, por lo que yo saque la deducción de que entonces los 30 eran los nuevos 20! Jaja!.

    Con tanta tecnología y modernidad, pues la verdad ya se ve traqueteado, aquel que de plano no le interesa su imagen o es muy tacaño.

    La cirugía, el botox, el láser, las cremas,  vitaminas, tratamientos de belleza, etc.,  nos ayudan a mantenernos lo más jóvenes y radiantes posibles.

    ¿Y el espíritu?. ¿Ese como lo mantenemos  veinteañero?. ¿Cómo le escondemos al alma el paso del tiempo?.

    No creo en eso de que hay que mantenerse joven de espíritu. La verdad me da flojera pensarlo. Porque entonces la experiencia, ¿dónde queda?, la sabiduría que te dan los años, ¿en donde la reflejamos?.

    El año pasado cuando tuve que cumplir  los 30, me sentía un poco rara, y cuando me asaltaba algún sentimiento de rabia por cumplir más edad, recordaba las palabras de una vieja amiga (conste que digo vieja porque tenemos muchos años de conocernos, je!), la que me decía que sí, que cada vez se suman más años, pero lo importante era que fueran, bien vividos, gozados y con la esperanza de ir por más, con más paciencia y conciencia de todo.

    Ya tengo 31 y me empiezo a acercar a los 32. Comienzo  a ver todo con más claridad. Y cada vez me siento más agusto. Volteo para atrás y puedo ver ya algunos cimientos.

    Sé perfectamente que ya los tiempos de los 15 y los 20 pasaron, de súper volada, pero pasaron y no van a regresar.

    Trato de mantenerme al día.

    A poco no te pasa que tratas de escuchar música fresquecita, para no dejar de estar a la onda y muy a tu estilo te pones de la moda juvenil, lo que te acomoda, sin verte ridícula o ridículo.

    Pero no se puede olvidar la edad. A cada paso se recuerda. No me digan que entienden perfectamente toda esa onda de los emos, los perciengs, la música de Tokio Hotel, Jonas Brothers, RBD, etc.

    Que entran a los chat o blogs de adolecentes y entienden su manera tan rara de escribir, todo con símbolos, faltas de ortografía, sin respetar mayúsculas ni minúsculas.

    No me digan que no empiezan a preferir una buena charla entre amigos, un café y un cigarrito, tranquilos, mientras se debate sobre la inseguridad y la crisis financiera del país a ir de antro tooooooodas las noches del fin de semana sin parar.

    Aclaro que no es que los treintañeros estemos viejos. Me refiero a lo maravilloso de la madurez.

    Cuando se adquiere, pero de verdad, se deja de tener miedo a los años y se adquieren con tremenda alegría. Porque se sabe que esos años, vividos y cumplidos están colmados de situaciones enriquecedoras, que nos van haciendo mayores de cuerpo e inmensos de espíritu.

    Quiero seguir cumpliendo años. No con la rapidez que deseaba en la niñez, cuando me urgía crecer, pensando que a los adultos todo les era mucho más fácil.

    Deseo vivirlos día a día.

    Observando, sintiendo, oliendo, viendo, degustando cada uno de los matices de la vida. Soy una treinteañera feliz. Con el metabolismo más lento, con más responsabilidades que antes, con unos pequeños connatos de arrugas, con vista cansada, pero tambien, con unas ganas inmensas de seguir comiendome al mundo a bocados.